día tras día el lodazal va atorando tus pies, tus ya lánguidas fuerzas se desvanecen como vapor de agua y sientes que el fango amortiguará tu caída, ¿por qué no dejarte ir y desvanecerte en la inmundicia? al fin y al cabo, es ya la costra externa de tu piel, es tu vestido desde antes de que fueras capaz de digerir ningún recuerdo sólido.
es el dolor interno del daño externo, es esto, es lo que me desgarra como colmillos de alimaña.
repetir las mismas escenas, los mismos lamentos, las mismas situaciones tantas veces como giran las agujas de un reloj, el reloj que te sientes pero que no eres porque tu mecánica no funciona, tus baterías se agotaron y estás detenido en un momento, en un lugar o con alguien que no puedes definir, estás seco, estás parado, detenido como la mirada de un cadáver. eso eres. la mirada de un cadáver.
cubrirte con una coraza, pero esta vez no como protección propia, sino como ajena. huir. esconderse. el hombre lobo, el vampiro, el zombie, el monstruo ha vuelto, está aquí, a vuestro lado. no le miréis a los ojos, pues es una estatua de sal.
la sal que derramo en mis ojos por el nuevo daño infligido. la sal que no me define tan bien pero que se aproxima demasiado.

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