es bien sabido que nada cumple las expectativas, que nada es tanto como pretendía, que las ilusiones son eso, ilusiones, y la realidad una bofetada que te devuelve al suelo. e incluso aunque no sueñes, llega el momento en que el viento vuelve a ser viento y no esa suave brisa que creías percibir. es así, no está escrito, o sí, pero es así.

por eso no debería tener nada especial sufrir decepciones. por eso no debería importarme que existan pequeños contratiempos. por eso debería estar acostumbrado a las inconveniencias.

pero no es fácil. hablamos de mi vida. de lo único que tengo. de lo único que puedo disfrutar. y cada vez que se amarga, cada vez que duele, el ánimo se resiente y la fuerza se pierde. ¿para qué, todo este esfuerzo?

al día siguiente, de forma misteriosa, el tanque se empieza a llenar de nuevo. pero como las malas baterías, nunca llega ya hasta arriba del todo. cada decepción lo mina. lo reduce. cada contratiempo hace que el nivel de ilusión baje. hasta que sea insoportable. hasta, quizás, dentro de ya demasiado poco.