día tras día el lodazal va atorando tus pies, tus ya lánguidas fuerzas se desvanecen como vapor de agua y sientes que el fango amortiguará tu caída, ¿por qué no dejarte ir y desvanecerte en la inmundicia? al fin y al cabo, es ya la costra externa de tu piel, es tu vestido desde antes de que fueras capaz de digerir ningún recuerdo sólido.
es el dolor interno del daño externo, es esto, es lo que me desgarra como colmillos de alimaña.
repetir las mismas escenas, los mismos lamentos, las mismas situaciones tantas veces como giran las agujas de un reloj, el reloj que te sientes pero que no eres porque tu mecánica no funciona, tus baterías se agotaron y estás detenido en un momento, en un lugar o con alguien que no puedes definir, estás seco, estás parado, detenido como la mirada de un cadáver. eso eres. la mirada de un cadáver.
cubrirte con una coraza, pero esta vez no como protección propia, sino como ajena. huir. esconderse. el hombre lobo, el vampiro, el zombie, el monstruo ha vuelto, está aquí, a vuestro lado. no le miréis a los ojos, pues es una estatua de sal.
la sal que derramo en mis ojos por el nuevo daño infligido. la sal que no me define tan bien pero que se aproxima demasiado.
porque sabes, embutido en tus ropas de colores, que el interior es oscuro, como lo fue una vez, y la vez sabes una realidad escapista que ya conoces de antaño. que las canciones tristes son las que emocionan el alma; pero que vivir sólo en la amargura lo oxida y lo convierte en un viejo cacharro que nadie va a querer recoger en su destartalado desván. así, anhelando la risa, el menor momento de quiebra, el menor momento de flaqueza mental será la brecha por la que el río de la desolación romperá el dique. como siempre ha sido, como siempre fue.
y así, en un arrebato continuo, como se agita la fiera que ha caído en la trampa, destrozas en el violento baile de tus brazos las figuras de porcelana que te rodean, tus sueños, e incluso quién sabe si con ellos tu corazón. y sus pedazos y tus golpes hieren, injustamente, justo a los que más amas. y entonces lo sabes, sabes de qué va la maldición, sabes por qué ocurre todo eso. y no lo deseas saber.
es cierto. no deseas saber que el camino tan estrecho por el que vas, con punzantes aristas en las paredes, es de una única dirección, de un único ocupante y de un único objetivo. y ninguna de las tres verdades te gustan. pero no hay otras, esta vez no.
necesito la risa, necesito que rían a mi alrededor. traedme la risa, que yo me ocupo de todo lo demás. de lo que, en realidad, todos estamos huyendo, pero algunos jamás conseguiremos escapar.
es bien sabido que nada cumple las expectativas, que nada es tanto como pretendía, que las ilusiones son eso, ilusiones, y la realidad una bofetada que te devuelve al suelo. e incluso aunque no sueñes, llega el momento en que el viento vuelve a ser viento y no esa suave brisa que creías percibir. es así, no está escrito, o sí, pero es así.
por eso no debería tener nada especial sufrir decepciones. por eso no debería importarme que existan pequeños contratiempos. por eso debería estar acostumbrado a las inconveniencias.
pero no es fácil. hablamos de mi vida. de lo único que tengo. de lo único que puedo disfrutar. y cada vez que se amarga, cada vez que duele, el ánimo se resiente y la fuerza se pierde. ¿para qué, todo este esfuerzo?
al día siguiente, de forma misteriosa, el tanque se empieza a llenar de nuevo. pero como las malas baterías, nunca llega ya hasta arriba del todo. cada decepción lo mina. lo reduce. cada contratiempo hace que el nivel de ilusión baje. hasta que sea insoportable. hasta, quizás, dentro de ya demasiado poco.
¿qué tipo de condena? yo no la he elegido, me ha venido desde un lugar que jamás esperé que llegara. quizás en su día dejé, de manera estúpida, una puerta abierta, en el maremágnum de mi caos post traumático, cuando el dolor me hizo más insensato que insensible. cuando la irreverencia con la que te mira lo perdido te convierte en un desesperado buscador de emociones, muchas de ellas inversas. ¿y qué, acaso es mi culpa? no, y así penetra, te hunde y atenaza.
cuando está más oscuro es cuando la luz del sol más deslumbra. te ciega, te ata y te convierte en un mero espectador, un muñeco en el vals de las olas. una mirada, y estás destrozado ya para siempre. una cerilla, y el fuego no se apagará ya nunca. un puñal dentro cuyo filo ahonda de tal modo que se aloja para siempre en donde tu cerebro pierde el control. en el reino de la esencia.
y por eso te implantaste, y vuelves, y me rodeas y me atrapas. huir intento, huir es el camino, y es imposible. los vuelos cortos que doy no son sino escapadas del nido para volver al país del que fui desterrado. intento zafarme, pero es en vano.
ver una sonrisa, un gesto, recordar una frase. soy un esclavo. ¿qué tipo de condena? yo no la he elegido. pero esta dulce cadena me convierte en lo que soy. un desheredado que sueña con el olor de las nubes.
a veces es tan difícil que parece que te arrancas la piel a tiras. ¿cómo se libra uno de la soledad? no, estando acompañado no es la respuesta correcta, aunque es más próxima que muchas otras.
durante mucho tiempo creí en unas mentiras, no diré que propias, pero tampoco ajenas. no inventadas, no impuestas. uno es la suma de una serie de factores inverosímiles e incomprensiblemente complementarios que conforman lo que al final es una personalidad en un continuo equilibrio inestable. somos sumas, ecuaciones, dividendos. y forjamos nuestra personalidad basada en genes y estímulos. ahí te encuentras con que ni eres tú ni dejas de serlo, ni eres lo que te han enseñado ni dejas de serlo. conjunción y rebelión, todo unido y separado.
pero las mentiras se van diluyendo, quizás debería nombrarlas como sueños. la realidad se abre paso y el niño inocente es un vago recuerdo que no se me parece ni en las fotos en blanco y negro. según se me va borrando la memoria voy perdiendo personalidad, y me convierto en lo que nunca quise ser, ni aún ahora.
y lo extraño es que duele menos, pero no consigue unirme con el mundo. no consigue hacer que esa dama gris se separe de mí, y que la vida sea fácil y divertida. no, al final, soy lo que soy, genes y educación, pero aunque me borre a mí mismo la raíz sigue subsistiendo.
igual debería alegrarme. o igual arrepentirme de lo que no hice aquel día de guardia junto al mar en la costa gallega.
sin saber, como una noche negra sin escrúpulos, sin creer, sin medir. todo surge de donde, inesperadamente, florece sin motivo ni renglón. perdido, en el día ausente, vago por calles conocidas transformadas en algo extraño por las fechas en que estamos. los jardines, el palacio, todo sigue ahí, oculto por el ruido y la muchedumbre.
en mi memoria difuminada, como si fueran charcos en los que las gotas de lluvia vuelven a caer, imágenes, sensaciones y olores. la piel, el tacto, el volumen y el calor. el aroma de algo que no siempre tiene que ver con el romance pero sí con el amor, y que no entiendo de otro modo.
te fuiste. primero por dentro, y ahora por fuera. y tu tierra no es mi tierra ni nunca lo será. ahora miro por el paseo marítimo de la ciudad sin mar. a lo lejos la montaña rusa me dice al oído: soy yo, la vida, he vuelto.
compartir unos segundos, unos minutos y horas. crecer dentro de alguien y ser algo que no eres por un momento. dar lo que perdiste y no sabías que ya no tenías y, aún así, sentirte bien y muerto a la vez. el contacto de la piel humana es algo indescriptible y terrible a la vez. a la vez que maravilloso.
por los tiempos, por las épocas que se olvidan en los papeles o en las canciones. por todo lo amado y nunca odiado, lo roto con un beso o una caricia. toda la frustración transformada en un sueño de lo perdido. jamás amaré tanto como cuando no amo.
la soledad me pertenece. a la soledad pertenezco. nadie lo pidió así.
para quienes, de vez en cuando, no saben mantener la boca cerrada, yo les digo: no estáis solos. el jodido imbécil que aparece oculto detrás de la pantalla (tangible e intangible al tiempo), el que piensa que piensa y en realidad sólo satura de ideas inconexas su mundo inconexo, que a estas alturas debería ya haber aprendido algo de eso que no reporta dinero pero tampoco jode, ése, ése está con vosotros.
puede ser una palabra dicha, escrita o enviada. puede ser del modo más variado. saber estar en su sitio es una virtud que no se convierte en vicio porque no crea adicción.
y vale, que uno puede lamentarse de que el mundo es una mierda. efectivamente, lo es, que todos lo sabemos. pero porque está hecha de la mierda que nosotros desprendemos. cuando nos movemos, respiramos o abrimos la boca.
ojalá tragásemos más aire. pero no, ya es tarde. seguimos vivos.